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Crítica de "Sabandijas y Sanguijuelas"
Una pasión desmedida Y nos fuimos al fin del mundo, a Ushuaia, tierra desprendida del continente rodeada de montañas y de mar que esboza a cada paso sus magníficos paisajes y que también tiene su actividad cultural en constante desarrollo. Y como somos adictos al teatro, no sólo nos conformamos con la contemplación de su bella geografía sino que además nos aventuramos en su cartelera teatral. Y allí fuimos al Teatro de Hain, en donde el Grupo Tres por Tres presenta la obra Sabandijas y sanguijuelas (sepulcrum), escrita y dirigida por Eduardo Bonafede. Este grupo teatral, conformado en el año 2001 y que en la actualidad está integrado por Mariana Aperio, Ilde Lizarralde, Julio Aranda, Carolina Espósito, Mara López, Ricardo Pessoa, Graciela Ferretti, Víctor Martorell, Gladys García, Gustavo Molina, Laura Eiriz, Jimena Hogas, Carmen Lamberti, Andrea Sánchez y Eduardo Bonafede, viene llevando adelante la representación de variadas obras (H&H, Banderita mía, Partitura Géminis, Luciérnagas curiosas, Las goletas, un sainete fueguino, entre otras) que no sólo han participado de festivales nacionales de teatro sino también de actividades teatrales internacionales. Ahora bien, en esta última propuesta del grupo, nos encontramos con una obra que en todo remite al universo del cine expresionista alemán, desde el uso de los claro oscuros, el maquillaje, como así también desde la actuación (realizada por Ilde Lizarralde, Mara López, Ricardo Pessoa y Eduardo Bonafede) que articula procedimientos del clown y un marcado uso de los cuerpos que se desplazan en el escenario de manera casi geométrica, uniendo exacerbados movimientos y palabras en su justa medida. De este modo, y a partir de un texto realista que narrativiza la ambición económica por parte de una pareja de novios y dos primos que pretenden, en el caso de estos últimos, “hacerse” de las joyas que su difunto tío posee aún en su ataúd y el deseo por parte de esa joven pareja de recuperar una bolsa de dinero que unos ladrones arrojaron en ese mismo cajón momentos antes de que éste fuera cerrado. Mediante este claro objetivo que propone el texto, como una sutil crítica social, se pone en juego el develamiento constante de los sentimientos más bajos que una persona puede llegar a experimentar ante situaciones extremas, siempre matizados con dosis de humor que exhiben y ponen en cuestión el carácter endeble y altamente mediado por el interés material más que sentimental de esas relaciones. Es interesante la utilización para esta obra de una pantalla cinematográfica, la cual narra a través de pequeños “cortos cinematográficos” aquello que sucede fuera de la bóveda, lugar principal donde transcurren las acciones de estos cuatro personajes. De esta manera, y a través de la utilización de esta tecnología, observamos una clara fragmentación del espacio (aspectos que de diferentes maneras Bonafede ha sabido plasmar en obras anteriores; tal vez, como una forma de materialización de la escisión geográfica desde la cual no sólo se vive sino también se escribe, se dirige, se hace teatro) y además la exhibición de un paralelismo temporal que permite al espectador poseer un universo acabado de significación. Así, y habiendo traspasado la frontera que divide la cartelera porteña del resto las propuestas teatrales de interior de nuestro país, encontramos que aún en la ciudad más austral del mundo podemos seguir disfrutando de buen teatro. |
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